Casi todo el mundo lleva encima una lista de «algún día». Aprender a nadar bien. Visitar el pueblo del que se marchó un abuelo. Llamar a ese amigo al que dejaste de llamar. Repintar el pasillo. La lista vive en tu cabeza, crece despacio y no rinde cuentas a nadie.
Una carta le da un lector a esa lista. Escribes la lista tal como es, la ordenas y eliges una fecha de envío dentro de uno o dos años. Quien abra la carta la comparará con la vida que de verdad ocurrió. Nadie espera que se tache cada línea. Lo que importa es descubrir cuáles nunca fueron realmente tuyas.
Saca la lista de tu cabeza
Pon un temporizador de diez minutos y escribe todos los «algún día» que se te ocurran, uno por línea. No te detengas a juzgar. Cuentan las entradas que dan vergüenza y también las que tienen diez años y ya no te suenan bien.
Sigue unas pocas reglas mientras escribes:
- Escribe cada entrada como te la dices a ti, no como se la dirías a los demás.
- Deja que lo pequeño conviva con lo grande: «arreglar la cremallera» junto a «vivir junto al mar».
- Todavía no ordenes por importancia, no juntes ni pulas nada.
- Detente cuando suene el temporizador, aunque la lista sea corta.
La mayoría de las listas llegan a doce o veinte líneas. Menos también está bien. Una lista corta y sincera vale más que una larga hecha para impresionar a un lector que eres tú.
Ordénala en tres columnas
Lee la lista una vez y luego ponle a cada línea una de tres etiquetas. En papel puedes dibujar tres columnas. En una carta, una palabra después de cada línea hace el mismo trabajo.
- Sigue en pie. Te alegraría que ocurriera y lo dirías en voz alta.
- Ya no me pertenece. Alguna vez fue tuyo, o era de otra persona desde el principio: un deseo de tus padres, el plan de un amigo, la imagen de una vida que viste en alguna parte.
- Lo que me da miedo. Lo quieres, y el deseo viene con un nudo en el estómago.
Mantén pequeña la tercera columna. Lo habitual es una o dos entradas. Si seis líneas acabaron ahí, es probable que algunas sean de «sigue en pie» con una preocupación pegada: devuélvelas a esa columna y ten presente la preocupación.
No te sientas mal por la columna del medio. Tachar una línea no es fracasar en ella. Una lista que nunca pierde una línea es una lista que nadie ha leído.
Cita la frase con la que lo aplazas
Junto a cada entrada de «sigue en pie», escribe la frase que usas para aplazarla. Cítala tal como suena en tu cabeza: «Cuando los niños crezcan.» «Cuando termine de pagar el préstamo.» «En cuanto el trabajo se calme.» «Cuando esté en mejor forma.»
No discutas con la frase ni la arregles. Solo cópiala.
Cuando llegue la carta, estas frases serán lo más revelador. Algunas resultarán ser motivos reales. Otras se leerán, un año después, como una línea que has repetido tanto tiempo que dejaste de oírla.
Añade una línea de coste
Querer y aplazar se ven igual por dentro. Una línea de coste los distingue. Debajo de cada entrada de «sigue en pie», escribe lo que haría falta en tres unidades pequeñas: horas, dinero y un paso incómodo, como hacer una llamada, pedir un permiso en el trabajo o decir el deseo en voz alta.
Para nadar podría decir: «Ocho tardes en la piscina, más o menos el precio de unas botas, y admitir ante el instructor que no sé flotar». Para repintar el pasillo: «Dos fines de semana, un bote de pintura y mover el estante de los zapatos».
Muchas veces el coste es menor de lo que sugería la frase con la que aplazabas. A veces es mayor, y entonces la entrada pertenece a la columna del medio, después de todo. En cualquier caso, ahora sabes algo que hace una hora no sabías.
Elige la fecha
De 12 a 24 meses funciona bien. Es lo bastante corto para que aún reconozcas la lista y lo bastante largo para que la vida se mueva. El calendario acepta cualquier fecha desde mañana hasta dentro de 20 años, y cómo elegir la fecha de envío repasa los pros y los contras. Un cumpleaños o el primer lunes del año pueden dar un pequeño aire de ocasión especial, pero una fecha cualquiera se lee igual de bien.
Te enviaremos la carta por correo electrónico ese día, entre las 8:00 y el mediodía en tu zona horaria. Usa una dirección que esperes conservar, porque una dirección del trabajo o de la escuela puede cerrarse antes de que llegue la fecha de la carta.
Una carta guardada no se puede editar. Para este ejercicio es un regalo: la lista que vuelve es la que escribiste, con sus frases de aplazamiento y todo.
Una lista ordenada, como ejemplo
Así quedó ordenada una lista de nueve líneas.
- Sigue en pie: aprender a nadar, llamar a mi hermana, ver la costa norte en otoño, repintar el pasillo.
- Ya no me pertenece: correr un maratón, tocar el violín, tener una casa con jardín.
- Lo que me da miedo: apuntarme al curso de diseño por las tardes.
- Quedó aparte: una línea que no encajaba en ningún sitio, «aprender a decir que no», que se guardó para la segunda ronda.
Y la carta que la lleva, lo bastante corta para escribirla de una sentada:
Hola, yo del futuro, Esta es mi lista de «algún día» a fecha de hoy, ya ordenada. Sigue en pie: aprender a nadar, llamar a mi hermana, ver la costa norte en otoño, repintar el pasillo. Ya no me pertenece: correr un maratón, tocar el violín, tener una casa con jardín. Lo que me da miedo es apuntarme al curso de diseño por las tardes. Mi excusa para lo de nadar es «en cuanto el trabajo se calme», y las clases cuestan ocho tardes. Quiero saber cuáles de estas cosas hiciste, cuáles dejaste caer sin darte cuenta y si le dijiste a alguien, en voz alta, la palabra «algún día». Con lo del pasillo, sé amable. [tu nombre]
Fíjate en lo que la carta deja fuera. No promete nada y no pide un plan. Enumera, ordena y pregunta.
Leerla un año después
Cuando llegue la carta, léela una vez sin bolígrafo. Después repásala con un bolígrafo y haz tres cosas:
- Marca lo que se movió: hecho, empezado o intentado.
- Marca lo que dejaste caer sin darte cuenta. Suelen estar en la primera columna. Pregúntate si querías soltarlas.
- Lee en voz alta las frases con las que aplazabas. ¿Cuáles siguen siendo ciertas y cuáles son solo costumbre?
Cuenta, no pongas nota. El número de líneas que se movieron es información. También lo es el de las que dejaste caer sin pensarlo y el de las que aparecen en la lista nueva y no en la vieja.
Luego ordena la lista otra vez. Una segunda lista escrita después de leer la primera muestra cómo han cambiado tus deseos, y puedes enviártela de nuevo para dentro de uno o dos años. Cada vuelta recorta un poco la lista, y es más fácil actuar con una lista más corta.
Cuando lo que te asusta pesa demasiado
A veces una entrada te asusta porque está cerca de algo doloroso: una preocupación de salud, una pérdida, un conflicto que no se ha resuelto. Una carta es un buen lugar para ponerle nombre. No sustituye a un médico, a un psicólogo ni a un amigo con quien puedas hablarlo. Si sientes que la entrada es más grande de lo que cabe en una lista, pide esa ayuda a alguien de confianza y reserva la carta para las líneas que solo esperan una fecha.
Qué entra y qué se queda fuera
Una carta de «algún día» no es una lista de deseos por cumplir ni una promesa. No tiene nota de aprobado. Su trabajo es más pequeño: poner tu lista delante de un lector que puede compararla con la vida real.
Las cartas se guardan como texto plano en nuestro servidor, así que deja fuera de la lista cualquier cosa muy delicada. Basta una línea como «hablar con él». Los detalles pueden quedarse contigo.
Escribe tu carta ahora
Pon un temporizador de diez minutos y vuelca la lista en el formulario. Ordénala en los tres grupos, cita la frase con la que aplazas cada entrada y elige una fecha dentro de uno o dos años. Sea lo que sea que te llegue de vuelta, sabrás cuáles de tus «algún día» eran de verdad.